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SALUD

13 de octubre de 2015

Equinoterapia, un vínculo que sana

Montar es… Avanzar sentado…Descansar la mente…
Escuchar el cuerpo… ¡Viviendo el mundo con un nuevo lente!

El martes 20 de octubre, en el predio del Campo Hípico, se iniciarán las actividades de la Escuela de Equinoterapia local. Un proyecto que viene tomando forma desde hace un par de años y que ahora comienza a desandar camino, respondiendo a la demanda de personas de todas las edades con problemas motores, en especial, y de diversas dolencias físicas y emocionales.
Amalia Solanet ha sido designada por el municipio como coordinadora de la experiencia. “Estoy muy contenta, feliz porque armamos un buen grupo. Es realmente un lindo trabajo,  un placer”, comenta a una semana de la puesta en marcha oficial de la iniciativa. Hija de veterinario y oriunda de Labardén reconoce en los caballos una pasión que viene de la infancia cercana al campo, a una historia familiar donde los caballos estuvieron siempre muy presentes, con su libertad y nobleza.

¿Cómo y cuándo comenzaste a relacionarte con la equinoterapia?
Yo viví un tiempo en Capital y había estado en lugares donde daban, los horarios no me permitían practicar pero iba solamente a mirar. Cuando salió al tiempo esta idea acá lo primero que hice fue anotarme. Hicimos el curso durante todo el año pasado y a fin de año se designaron quiénes iban a quedar. A mí siempre me gustaron los caballos, me crié entre caballos. Mi familia siempre fue de tener caballos y vivir en torno a actividades con ellos. Nunca había trabajado en lo que es discapacidad, problemas motores, jamás. Soy docente, pero soy profesora de inglés, así que nunca me había tocado trabajar con discapacidad y la verdad es que tenía un poco de miedo. Pero se da vuelta todo cuando los chicos se suben al caballo y cuando bajan te das cuenta lo lindo que es para ellos.

¿Te fue surgiendo un modo de hacerlo en el momento?
Es algo natural, vos te vas dando cuenta de los errores, el profesor te marca pero resulta natural vos no te fijás si se pueden mover para un lado o para el otro, porque en realidad arriba del caballo lo hacen todo.  

¿Cómo fue la preparación del año pasado?
A la mañana hicimos la parte teórica en la municipalidad y a la tarde íbamos al Campo Hípico a desarrollar todo los que es práctica. Íbamos a buscar a los abuelos del hospital, venía gente del club de día y después chicos con discapacidad de acá de Lezama y otros de otras ciudades de la zona, incluso hubo algunos que habían venido a visitar familiares y también se engancharon, gente de Brandsen, de Capital Federal. Cuando eran los días de encuentro, que se avisaba, se llenaba el Campo Hípico.

¿Qué características tuyas creés que ayudaron a que fueras designada como coordinadora? 
No sé…siempre estuve predispuesta a aprender, a estar, a ayudar, a colaborar. Quizá ha sido eso, además yo no tengo un trabajo en el que tenga un horario específico para cumplir entonces lo mío era dedicación exclusiva a eso, y acomodaba mis horarios a lo que hacía en equinoterapia. Entonces creo que esa predisposición para ellos fue una solución,  porque si había una actividad mañana a las 3 de la tarde –por ej. – yo acomodaba mis cosas para poder ir a esa hora. Por ahí hay chicas que no lo pueden hacer porque tienen un trabajo con horarios fijos.

Hablaste de tu infancia, ¿ya desde ahí te gustaban los caballos?
Yo me crié en el campo, mi papá tenía una veterinaria y yo estaba todo el día con él y dentro de lo que podía siempre iba con él al campo y toda la vida me gustaron los caballos. Creo que eso fue en parte el incentivo para entrar, con lo otro uno tiene  un poquito de temor porque no tiene  una preparación, más allá de que es docente, pero digo una preparación específica porque son cosas diferentes. Más el miedo que uno tiene de subir a la persona al caballo, son un montón de riesgos. El curso un poco se basó en eso, las posibilidades que tiene cada una de las discapacidades, qué movimientos se pueden hacer, cuáles no, todo eso.

¿Cómo están funcionando en la actualidad?
Ahora tenemos un caballo propio y dos o tres que siempre nos prestan la familia Brescia, Carola Díaz que siempre trae alguno y hay otra de las chicas que también suele traer, así no arreglamos. Los horarios fijos no están todavía, sabemos que va a ser los martes el encuentro, porque era el día que quedaba mejor para todos, Vamos a tener dos horas a la mañana y dos horas a la tarde, por ahora, porque con un solo caballo no se puede más. Hay mucha gente de todas las edades que está demandando la equinoterapia y necesitamos más animales, que son caros y necesitan su mantención.

 

Nota completa en la edición impresa de Semanario El Espejo del martes 13 de Octubre

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