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SALUD

10 de febrero de 2015

El Divorcio

Licenciada Laura Vignola

La ruptura la pareja, llámese separación o divorcio es un acontecimiento vital  estresante que supone un importante impacto emocional no sólo sobre los miembros de la pareja, sino también  sobre sus allegados. Por eso, tanto el momento previo a la ruptura como el de la ruptura son especialmente delicados.
En el momento de la pre-ruptura, la pareja lleva a cabo enormes esfuerzos por evitarla, y si se prolonga mucho o es demasiado intensa, puede afectar la salud emocional de toda la familia. El momento de la ruptura es el de la aceptación de  que la relación ha llegado a su fin. En ese momento hay generalmente suficientes pistas y análisis del problema que existe entre las dos  personas involucradas. Si ya no se puede hacer màs, y eso no depende de la duración de la relación sino de su calidad, es la  hora de aceptarlo y avanzar. Es un momento muy doloroso. Decir o escuchar que el otro diga “No te elijo más” es difícil. Si hay además otras cosas añadidas, como traiciones, infidelidades o violencia de cualquier tipo, las cicatrices emocionales pueden durar mucho tiempo.
Como todo proceso vital, la 

 

 

 

 

 

 

separación requiere de una fase de adaptación en la cual se generarán cambios que van a  variar en función de las características personales de los implicados , su personalidad, y su capacidad de adaptarse a la nueva situación. 
Los psicólogos consideramos que una separación conlleva un proceso de duelo ocasionado por la desaparición de un  elemento antes presente, la pareja,  a la que se dirigían gran parte de los afectos, tanto positivos como negativos. El proceso de adaptación a la nueva situación es, como todo duelo, un cambio lento y trabajoso.
Las fases emocionales que acompañan el duelo son normalmente las siguientes
* Impacto o sorpresa, que es una sensación de paralización, desorientación e incredulidad. Se produce lo que antes parecía imposible.
* Negación, es decir la incapacidad de aceptar que la relación se ha terminado.
* Enfado, rabia, que nace de sentirse herido, aunque no haya nadie a quien culpar.
* Tristeza, es decir, un sentimiento de vacío como si faltara una parte de uno mismo. Este sentimiento impulsa a muchas personas a correr hacia otra relación, lo cual no es muy saludable pero sí comprensible.
* Resignación, el adiós. Esta es la transición más difícil del proceso. No solamente hay que aceptar que la relación se ha terminado, sino que también hay que liberarse de ella por completo recuperando la energía que se invirtió en la relación.
* Reconstrucciòn.  El dolor se difumina y comienza una nueva etapa, distinta pero liberada de las tensiones y problemas anteriores. Se empiezan a vivir otras experiencias y otras emociones.

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