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LOCALES

17 de junio de 2014

“Escribir es la manifestación de la conciencia profunda”

Rodeado de amigos y familiares Eduardo Mognone celebró la publicación de su segundo libro.

De cómo un hombre ve el mundo al revés y otras historias, el nuevo libro del escritor local Eduardo Mognone fue presentado el viernes en el Salón Los Abuelos, con una gran marco de público, en un encuentro cálido y emotivo de familia, arte y amigos.
La definición de arte como “obra humana que expresa simbólicamente, mediante diferentes materia, un aspecto de la realidad entendida estéticamente” sirvió de inicio para una agradable reunión en la que se destacó la literatura y otras formas artísticas como posibilidades de expresión de la sensibilidad, los sueños y las ideas más representativas de lo que en realidad somos frente a la apariencia.
“Es la manifestación de la conciencia profunda”,  sintetizó Eduardo Mognone al referirse a la posibilidad de escribir y otras formas que adopta lo artístico para manifestarse a los otros. Hizo referencia a esta cuestión de sacar, expresar, simbolizar lo que cada uno siente en lo más profundo de su ser para mejorar como personas y, de ese modo hacer también una mejor sociedad.
Luego de dar lectura al cuento De cómo un hombre ve el mundo al revés, el autor compartió con los presentes distintas anécdotas de la “cocina” de este segundo logro literario. Mencionó la participación de distintas personas que colaboraron en el logro de la publicación con el sello de la Editorial Dunken, en especial lo dedicó a la prolongación familiar: sus nietos. Los agradecimientos se extendieron a la familia toda, a Marcelo Mognoni que realizó el diseño de tapa y a la Profesora Graciela Nardín que fue su correctora y prologó esta edición, al igual que en El cuadro y otros cuentos.
Este libro, dice Nardín, “invita al lector a sumergirse en un universo de posibilidades de lecturas en el que se confunden los límites entre la realidad y la ficción, ambigüedades que permiten deslizarse en la geografía de los afectos, en la creación de mundos, en la constitución de subjetividades, en las diferentes formas de habitar la realidad en relación con los otros desde un “hacerse un lugar” para poder ver también “el mundo al revés”. 
Al término de la presentación, el autor firmó y dedicó ejemplares, mientras el público compartía un ágape y contemplaba las obras de la artista plástica local Agustina Menconi, que acompañó la presentación del libro con cuatro de sus obras: Laberinto, Composición I, Composición III y el último cuadro que pintó y aún no lleva título.
Durante la presentación se homenajeó a cuatro escritores fallecidos que nos han legado sus letras y recordamos en cada verso, imagen o diálogo: Alberto Pilo, Eugenia “Tita” Toledo de Landa, Narciso Zamboni y Pedro Boloqui.

 

De cómo un hombre  ve el mundo al revés

El hombre tomó la soga con interés y la puso tensa para comprobar su resistencia. Como respondía la fortaleza a su necesidad, con alivio le hizo girar una de las puntas para ligarla de modo que quede un nudo corredizo y el extremo con forma de argolla. Entonces su mirada perdió interés en la cuerda y se escurrió hacia la distancia pero no geográfica sino, por el contrario, a la distancia del tiempo, la del pasado y recuperó la memoria del enorme fracaso de amor e infidelidad de Mercedes, infidelidad agravada si cabe la calidad, por ser su amigo el amante. Es probable, casi cierto, que en toda relación de pareja haya en funcionamiento una diversidad de poderes y posesiones, no es el momento de descifrarlo pero el hombre pudo haber pretendido colocarse arrogante por encima del mundo en su relación cotidiana, en los sueños y objetivos y en la pelea diaria por la conquista de espacios; pero jamás lo hizo en su relación con Mercedes, con quien compartió el amor, la cama y la comida en plenitud e igualdad en una apariencia similar a la felicidad. Inútil tratar de interpretar las causas del quebranto, el naufragio de la pareja y la aparición del amante, insospechado además desde todo punto de vista. Mercedes ya no le pertenecía, había contraído un rumbo diferente y él, un camino que le erosionó los bordes de la vida y por dentro el alma. Fue difícil renunciar a su orgullo, desistir de fines deseados y ver doblegada su voluntad, pero no logró evitarlo, las circunstancias, literalmente, lo llevaron por delante y ahora acarreaba a cuestas, sus restos, sus despojos.
Era un hombre roto, envejecido, disperso…en ruinas.
Un suspiro profundo con cierto desecho de congoja y la vuelta de su pensamiento a la soga, testigo circunstancial de la realidad y ahora convertida en eje principal. Reacomodó el nudo corredizo y al resto de la cuerda la hizo pasar por encima de una gruesa rama del árbol que además mantenía del suelo la distancia requerida, es decir mayor que la de su propio cuerpo. Una vez concretas las ataduras, la última trepado ya a la planta, se dejó caer lentamente, con claros signos de paz interior…de bienestar…de agrado.
Al quedar tensa la cuerda le lastimó levemente los tobillos pero el hombre no padeció, tal vez no era importante, simplemente exclamaba en forma continua “Ahora sí…ahora sí entenderé el mundo,” mientras lo miraba cabeza abajo, la melena llovida y las venas del cuello algo hinchadas; como si de esa manera, sostenido por la soga en posición pies para arriba, se iguale con la gente y lo incorpore el universo cotidiano.

Eduardo Mognone

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Comentarios

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Alicia

Comentario
En contraposición a mi cerebro que solo se manifiesta en una mente práctica, admiro las situaciones absolutamente de una genialidad creativa poco común, que mostras en tus cuentos. Excelentes, felicitaciones y que siga la producción.

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