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16 de junio de 2015

El Autor de Zamba para mi Pueblo

Castellense por nacimiento, qué no hizo Hugo Finolletti para sobrevivir. A los 13 años ya era peón de albañil, fue a la escuela nocturna a la noche y de día descargaba camiones; gomero en la estación de servicio D. Carlos Girard...

Castellense por nacimiento, qué no hizo Hugo Finolletti para sobrevivir. A los 13 años ya era peón de albañil, fue a la escuela nocturna a la noche y de día descargaba camiones; gomero en la estación de servicio D. Carlos Girard; molinero con Ugartemendía, Haramboure, Acha e Itubide; finalmente agente ayudante de la Policía Caminera con Del Puerto como jefe. Pasa a la Unidad Regional de Chascomús, después a la comisaría número 2 de Lezama a cargo de Oscar Carreras. Cuando trabajó en el Destacamento Caminero de Dolores, ya estaba casado con María Arias en ese entonces enfermera de la clínica San Vicente. Era muy joven entonces y no sabía que tenía partituras enteras en su cabeza. Y silbando, silbando se dio cuenta que no silbaba algo conocido, silbaba su propia música, aquello que no había escuchado en ninguna parte. ¿De dónde lo saqué? Se preguntaba. Y como en el fondo late un poeta, escribía la letra. Y Hugo dice “tenía que igualar las notas con la letra y que el renglón no fuera uno más largo y el otro más cortito, que fueran parejos, que tuvieran el mismo ancho”. A los 22 años un intuitivo, un creador sin escuela. Así nace en 1965 el bolero “No supiste quererme” que dice así:

Está lloviendo aquí en 
mi alma
Desde que te fuiste,
Solo lluvia de dolor,
Lluvia de amor
Porque no me quisiste
.

  La música lo obsesiona, escribe hasta 3 canciones por días con distintos ritmos: tangos, guarañas, zambas, décimas. No conoce las notas, no sabe lo que es un pentagrama y la clave de Sol, pero sigue componiendo todo aquello que le dicta su imaginación, todo dentro suyo.
  Y cuando la Escuela Nro 12 - hoy Escuela Nro 1 - cumple años, le escribe la “Zamba para mi segundo hogar”.
  Y cuando el Lezama Ballet dirigido por el Maestro Alcalá se presenta en Cosquín, Hugo se hace cargo del orgullo generalizado que provoca esa actuación y escribe: 

“Yo quiero que ustedes
 sepan
El sacrificio que ponen
Los muchachos de Lezama
Cuando bailan el folclore.”

Se incorpora a la Peña Pedro Boloqui a cargo de Jorge Blanco y la foto lo muestra con la gallardía de un bailarín profesional. Él y su esposa forman una conocida pareja de baile que representa a Lezama en los Torneos Bonaerenses y recorre bailando toda la región.
  Y no falta algún vecino que le recuerde ¡Pero vos no sos de acá! Y Hugo contesta con este recitado: 

“No soy hijo del Pueblo
Sin ser hijo de este Pueblo
Es como si lo fuera
Por eso es que aquí le dejo
Bien abierta la tranquera
Para que entren y vean
Lo que no ven los de 
afuera.
Este Pueblo a mi me ha
dado
Muchas alegrías buenas;
Él me brindó su amistad,
Él me dio una compañera
Que me ha dado dos 
cachorros
Yo no soy hijo de este 
pueblo,
Pero es como si lo fuera.”

  El 24 de Abril de 1966 Visión da a conocer la letra de “Zamba para mi Pueblo” un homenaje de Hugo a Don Pedro Boloqui.
Increiblemente después, la Zamba duerme un largo sueño de 19 años.
Hugo recuerda que había una fiesta y él le cuenta a Arnaldo Olmos que había escrito una zamba para Lezama y le pregunta si la quiere cantar. Le entrega a Olmos un cassette con la grabación, ¿y cómo finalmente una composición de Finolletti está grabada? Él recuerda que tiempo atrás le tarareaba la música a su cuñado Marcos Arias y él la reproducía en la guitarra. La zamba se dio a conocer por primera vez en el Club Cobo en 1985 y Arnaldo Olmos fue su intérprete. Más tarde la señora Marta Casco, la hizo cantar en la Iglesia. Hugo no recuerda las circunstancias, pero gracias Olmos, gracias Marta.
Y durante la jornada autonomista, la muchedumbre estacionada frente a la legislatura bonaerense, se daba ánimos, presionaba cantándola, haciendo saber a los legisladores que Lezama al tener una zamba propia, lo podía todo.
¿Qué tiene la Zamba para mi Pueblo de notable? Seguramente no tiene una gran complejidad melódica pero tiene lo que a veces a las composiciones folclóricas les falta: es pegadiza, se recuerda fácilmente, se entona sin problemas.
Además es nuestra posesión, nuestro valor, es mi pueblo, mi gente, es el corazón de Lezama.

“Qué humilde homenaje te
 brindo en mi Zamba
con notas tan puras de mi
inspiración
para este mi pueblo, mi 
tierra soñada
Para este Lezama de mi 
corazón.”

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